Fernando Morales Martínez, el Mirrey

Los políticos deben entender que son personajes públicos y por lo tanto deben ceñirse a reglas protocolarias para potencializar al máximo su imagen.

Dentro de la articulación de la imagen física, la indumentaria juega un papel fundamental al momento de ser percibidos, toda vez que el grueso de nuestros simpatizantes, nos reconocerán por: una foto, video, spot o propaganda.

Esta premisa parece no importarle al Dip. Fernando Morales pues manda un mensaje incorrecto al electorado al dejarse fotografiar con la camisa abierta y dejar expuesto el pecho.

Transmite la actitud de un “Mirrey”, esos jóvenes que se han hecho famosos en las redes sociales a partir de su pose fanfarrona.

Los electores reconocen a sus candidatos por la imagen que reproducen más que por el contenido de sus discursos. Por eso, Fernando Morales debe deshacerse de esa imagen, pues aspira a un cargo de alta responsabilidad: una senaduría.

En contraparte, el priista tiene el pelo canoso y un rostro joven, que combinan a la perfección experiencia y frescura.

A su favor cuenta con una oratoria pausada y clara, amén de empatía entre las clases populares.
Su eslogan de precampaña, “Orgullo y Proyecto” transmite empatía y rapport entre el auditorio.

Además, tiene a su favor el peso del apellido de su padre, Melquiades Morales, un gobernante altamente carismático que aún obtiene el cariño de casi cualquier auditorio al que se presente.

Sin embargo, dentro del PRI Fernando Morales no tiene suficiente apoyo, debido a que algunos ven con desconfianza su relación con el gobernador Rafael Moreno Valle. Por eso, Fernando Morales deberá reforzar sus signos de pertenencia y lealtad al interior del PRI.

No obstante, las posibilidades de Morales Martínez ante sus adversarios, Blanca Alcalá y Javier López Zavala son reales de forma individual, mas no como dupla.

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El PRI, disfrazado de Izquierda…

El regreso del “Nuevo PRI” a Los Pinos parece inminente, ya sea de la mano de Enrique Peña Nieto o de los viejos y mañosos militantes del tricolor y hasta del PAN.

Cuando Andrés Manuel López Obrador visitó Puebla dejó un mensaje ambivalente: “Ser de Izquierda es ser honestos”. La inconsistencia radica en que lo pronunció ante ex priistas y ex panistas.

La incongruencia de la izquierda podría ser su peor verdugo. ¿Cómo hará un panista disfrazado de amarillo para defender el aborto? Peor aún ¿Bajo qué intereses servirán una vez en el poder los corruptos priistas?

Si estos son los ingredientes de la “Nueva República Amorosa”, es preferible que no nos quieran tanto.

Y si López Obrador habla de que para ser de izquierda se necesita honestidad, entonces con qué criterios elaboran la lista de candidatos integrada por desechos políticos. Baste echar un vistazo a los nombres: Nacho Mier, Manuel Bartlett, Nancy de la Sierra, Arriaga, Anselmo Venegas, Gabriel Hinojosa…

Repoblar una tierra fértil con los mismos depredadores que la saquearon es la muerte anticipada.

Abrirle las puertas a ex integrantes desprestigiados de otros partidos es tanto como darle las llaves de tu casa a un ladrón.

La izquierda poblana (PRD, PT, MC) ha aprendido muy rápido a camuflarse entre los mejores artífices de la clandestinidad, esos que operan de forma incesante postulando cuadros de otros partidos para generar una fractura interna y dividir.

MORENA está en un punto crucial en Puebla: Defender su bastión y alzar la voz, o rendirse y sucumbir a los designios de los nuevos integrantes priistas.

Ante tal escenario, la credibilidad y reputación de López Obrador queda vulnerable, no porque su movimiento MORENA lo abandone, sino porque los partidos de izquierda que lo acompañan parecen insistir en perder la congruencia por la que han luchado.

Guillermo Aréchiga, el diplomático.

El buen orador es un seductor de masas. Y si alguien posee esa cualidad es Guillermo Aréchiga Santamaría, candidato a la Senaduría por el Partido Nueva Alianza (Panal).

Aréchiga tiene un discurso limpio, ordenado y claro. Comunica sus mensajes como si se tratara de tiros de precisión.

Sólo que al candidato al Senado le hace falta trabajar en ser más persuasivo y así tener una campaña electoral efectiva, teniendo en cuenta que la política mueve a la gente, pero una buena campaña moviliza conciencias.

Además, como es candidato del Panal, pesa sobre él la imagen de la verdadera fundadora de ese partido: Elba Esther Gordillo.

Una debilidad para este perfil, el cual deberá trabajar con esos negativos, logrando minimizarlos con sus fortalezas.

Aréchiga cuenta con una imagen física carente de impacto, deberá trabajar en una reingeniería para lograr comunicar vigor, dinamismo y poder, sin caer en excesos de sobre producción, por el poco tiempo con el que cuenta.

Si este político logra conjuntar su oratoria, diplomacia y ceñirse a un plan de imagen, le aseguro que podremos verlo como un fuerte adversario para los que poco apuestan por él.

Tiene a su favor que es diplomático y no se le conocen escándalos, sus oportunidades directas son la dupla Panista débil en su conformación y una Izquierda con posibilidades de reposicionarse.

Es preciso anotar que la alianza PRI-Panal-PVEM deberá otorgar una posición, por lo cual deberá luchar por empatarse con un perfil creíble y con impacto positivo ante la opinión pública, Enrique Agüera le otorgaría más poder a Aréchiga y Javier López Zavala le restaría credibilidad.

En política nada está escrito, pero en cuestión de reputación se deberá de apostar por una dupla que no reviva el voto de malestar que se generó en 2010.

Javier Lozano, el rudo.

Por su actuar, pareciera que Javier Lozano, aspirante a la senaduría por el PAN, ignora que una figura pública está expuesta al escrutinio.

Si tomamos en cuenta que sólo el 7 por ciento del mensaje es verbal y el resto, 93 por ciento, el lenguaje corporal, Lozano entonces está acorralado.

Su gesto siempre viene acompañado de una sobre gesticulación y un rasgo que genera rechazo y malestar en sus interlocutores.

Y su sonrisa deja la sensación de un rastro de burla, que al mismo tiempo refleja mucha inseguridad. Sobre todo ante la crítica.

Es primordial que todo candidato sea dueño de una excelente inteligencia emocional para poder atender a la prensa y evitar declaraciones desatinadas, desafortunadas e incomodas, las cuales repercuten de forma directa y negativa en los medios.

Con una imagen física limpia y cuidada pero con un uso incorrecto de su paleta de colores, Lozano Alarcón genera imágenes frías, grises, que poco le favorecen a su imagen pública.

Sus fortalezas podrías ser de corte político, los grupos de poder a los que pertenece y las relaciones públicas.
Si algo se le reconoce a este poblano es su capacidad de generar amistades con el poder económico y con peso social importante, lo cual es primordial en la recaudación de recursos.

Lo más importante para este panista es generar escenarios positivos que le permitan ser percibido como tolerante, abierto, dispuesto a mediar y sobre todo cercano a la gente; de lo, contrario el rechazo del electorado será inminente.

La carrera por la senaduría ya lleva kilómetros de avanzada, es por eso que dadas las circunstancias y sus debilidades personales y de partido podemos hablar de una derrota anticipada.

Bartlett, el mito

Manuel Bartlett Díaz es más un mito para el imaginario mexicano que un personaje de carne y hueso.

Con un rostro duro e inflexible, pero con un encanto natural dentro de la composición de su imagen física, este personaje ha sido catalogado como, el responsable de la llamada “caída del sistema” del fraude de Salinas contra Cárdenas.

Esta leyenda continúa viva, plenamente activa. Ahora busca una Senaduría, pero tiene contra sí a los más fieros izquierdistas, así como un pasado imposible de ser rescrito.

Los recuerdos por asociación, son elementos clave que fincan en la mente del electorado la imagen de un personaje público sin la necesidad de acompañarla de una fotografía, en ese sentido el slogan “se cayó el sistema” será su lastre.

Bartlett tiene otra faceta. La de orador hipnótico, una formación impecable. Un maestro del juego de la política.

Sobreviviente de grupos, de partidos, del desgaste por el ejercicio de poder. Izquierdista converso.

El ex gobernador de Puebla será postulado por la izquierda, esa misma que lo acusó de ser represor, de promover los gobiernos neoliberales y perseguir a los movimientos progresistas cuando gobernó el estado. Para unos, el demonio; para otros, un candidato de lujo.

Dadas las circunstancias, la izquierda debe confiar en Bartlett. Su capital político puede darle un mínimo de 250 mil votos. Un adversario que estará en el campo de batalla.

La reputación de este político mexicano quedó en manos de la historia. Es difícil rescribirla, pero sí se puede matizarla.

Y si la simulación tan recurrida por los partidos de izquierda se deja de lado y comienzan a trabajar con cifras realistas, Bartlett podría darle una sorpresa a los que se sienten ya dueños de las curules.