Grandes Estratégias de IZquierDA

La supuesta pugna entre Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador nunca existió; más bien se trató de un pacto, una estrategia de ambos para fortalecer al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Dicen que un político predecible es un mal político. Con esa premisa, se gestó una estrategia que difícilmente podrían prever los adversarios.

Fueron muchas las horas televisión que se le invirtió al supuesto desencuentro entre AMLO y Ebrard. Ellos impusieron la agenda y el electorado no hizo otra cosa que escuchar sobre ellos.

Andres Manuel lo sabía y Marcelo aceptaba, era una forma de tener siempre presente a la izquierda en cadena nacional, columnas políticas y sobre todo en la mente de los adversarios.

Durante todos estos meses, y a pesar de que tuvieron encontronazos los equipos de ambos perfiles, los líderes de este proyecto hicieron mutis ante estos hechos, la razón: deberían dejar que la simulación fuera excelsa, sabiendo que siempre hay filtraciones.

Los medios cortos de visión también entraron a este juego, el cual ha fortalecido la imagen pública de ambos candidatos de izquierda.

Marcelo Ebrard, por un lado, jugó el papel de la izquierda vanguardista, esa que debía ganarse al empresariado, la clase media y público indeciso.

Andrés Manuel mientras tanto, formo y fortaleció sus redes, atendiendo al ciudadano más necesitado.
Un círculo perfecto de ataque, toda vez que cada perfil tiene diferentes auditorios.

Y si, al final del camino, veremos que el candidato con mayor posicionamiento e intención de voto será AMLO, podría ser hasta la próxima semana que se den a conocer los datos oficiales, la razón la próxima elección en Michoacán.

Públicamente, la confrontación de las izquierdas fortalece al candidato del PRI, el rival a vencer en la mente de los priistas siempre ha sido AMLO, si capitalizaban esta fractura obtendrían grandes bonos. Desmembrar al enemigo siempre ha sido el modus operandi de un depredador voraz.

Sin embargo, el priismo tendrá que ir cabildeando otra estrategia, a pocos meses de las elecciones presidenciales, porque no verán una izquierda dividida ni debilitada.

Moreira, una imagen poco rentable.

El PRI ha desembolsado millones de pesos en su campaña para convencer a la opinión pública que es un nuevo partido. Sólo que, por más dinero que abone a esta estrategia, mientras Humberto Moreira dirija ese instituto político la causa está perdida.

Una imagen pública carece de impacto si no va acompañada por un entorno coherente.

Cuando el PRI habla de “renovación” y “refundación” debe entender que en la coherencia encontrará el éxito, la credibilidad y su verdadera fortaleza.

Humberto Moreira, por otra parte, es la imagen más opuesta a la decencia. Es un reflejo del viejo PRI, abusivo, opaco, corrupto, tramposo. Basta decir que a Coahuila, el estado que gobernó, lo dejó con una deuda de 33 mil millones de pesos.

Se vale de los recursos de oratoria más bajos para calificar a sus adversarios. Y, ante la evidencia de que desfalcó su estado, reclama sintiéndose ofendido.

Justo el electorado se cansó de esos políticos priistas, que ante la evidencia de sus abusos intentan negar la realidad.

Como Mario Marín argumentando “no es mi voz” ante el escándalo de los excesos que cometió contra Lydia Cacho. O el autoritario de Ulises Ruiz alegando inocencia. No pueden convencer cuando su corrupción los evidenció.
Es por eso que “El Nuevo PRI” podría quedarse en un eslogan si no hay una congruencia de sanear las filas de ese instituto.

Lo primero, lo inmediato, es sacar a Moreira y poner a un líder congruente, que no le faltan al tricolor.

Ahora que Puebla renovó a su dirigencia a nivel municipal, será tarea de todos los actores políticos jóvenes como Claudia Hernández e Iván Galindo desdibujar el fantasma de la impunidad y corrupción que atormenta a este partido.

Y, sobra decirlo, en este estado hay un montón de cínicos que merecen ser castigados. Si prevalece la impunidad, entonces veremos que este “Nuevo PRI” sólo quiere perpetuarse en el poder.

Entonces, el electorado no hará más que tirar a la basura la contaminación de spots, slogans y jingles de un partido que miente. Para el PRI no hay más perdón social. No le queda más.

Congruencia o muerte