Chile y sus fantasmas


Los jóvenes en Chile reclaman: “La educación no se vende, se defiende” y “Derecho a la educación, mejoras en la educación pública”.

Alrededor de 100,000 estudiantes exigen mayor aportación económica del estado a las universidades y la destitución del ministro de educación chilena.

Toda manifestación de ideas es un derecho en cualquier democracia. Con más razón en un país que vivió una dictadura cuyas cicatrices no cierran del todo.

No podemos olvidar ni comprender el movimiento social y estudiantil de Chile actual sin citar su pasado.
El Chile de los años 60 vivió también el temblor mundial de los movimientos estudiantiles. En ese entonces, los reclamos exigían una reforma de todo el sistema universitario; en consecuencia, la izquierda se unificó y logró consolidar una gran alianza que llevó al triunfo a Salvador Allende en 1970.

De regreso a la modernidad, tenemos que Chile, según la OCDE, es de los países más caros del mundo a nivel universidades privadas.
Lo anterior quiere decir que los jóvenes tienen verdaderas razones para exigir su derecho a la educación pública.
Sólo que el actual gobierno responde como si fuese una vieja dictadura. Control de identidad y disolución de grupos ha sido una constante de parte de los carabineros en contra de este movimiento.

El gobierno del conservador Sebastian Piñera demostró su adoración por la mano dura de tiempos pasados. Y es que decidió tomar como argumento la disolución de manifestaciones, con una ley creada por el dictador Augusto Pinochet, la cual amaga las manifestaciones, ya que debe de solicitarse un permiso del gobierno para realizarlas.

No obstante, la represión y sus justos reclamos han logrado que miles más de personas se adhieran a los estudiantes.
Chile se caracteriza, entre otras cosas por la lucha constante de sus derechos, por su resurgimiento después de una dictadura, y por lograr que la voz del pueblo se haga presente en sus gobiernos.

Es indudable que jóvenes sin colores políticos, valientes y aguerridos no cesarán en su lucha por las reformas, es por eso que el presidente Piñera no debe reprender un derecho, aunque pareciera dispuesto a incluso sofocar el movimiento con el Ejército.

Sería una jugada catastrófica para el mandatario, ya que su nivel de aprobación es el más bajo de la historia de los gobiernos chilenos.

El clima en Chiles está ardiendo y no sería extraño pensar que podría asomarse un nuevo golpe de estado. Ojalá los gobiernos chilenos hayan aprendido de su propia historia, y logren hacer honor a sus avances democráticos.

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Cascajos políticos

La apatía y la desafección gobiernan en nuestro país; sólo hace falta leer las encuestas de salida que indican que el abstencionismo es el padre de todas las elecciones.

La credibilidad en nuestras instituciones decrece. En el rubro electoral, no hay seguridad que garantice equidad. El robo de identidad se da de forma cotidiana, la venta del padrón del IFE es común, y, lo peor: la complicidad entre instituciones y partidos políticos pareciera forma parte de nuestras vidas.

Recordemos el caso de los priistas de Morelos que llevaron a 492 personas a Veracruz, con engaños, para empadronarlos.

A eso hay que sumar la escasísima lectura de periódicos: sólo el 28 por ciento de la población lee los periódicos diariamente.

Y, faltaba más, a este panorama hay que añadir la apatía de los ciudadanos para apoyar una movilización ciudadana, luchar por sus derechos y levantar la voz ante la impunidad que nos oprime.
El resultado es un coctel molotov digno de beberse en cualquier esfera política, es una borrachera de poder que no encuentra final: esa cruda de reclamo social se ve lejana.

En Puebla acabamos de enterarnos de una noticia que contribuye a este ambiente de complicidades entre las altas esferas del poder. Esta semana leíamos sobre las averiguaciones que se tienen en contra del presidente del PRI, Juan Carlos Lastiri, por presuntos desvió de recursos desde la Sedeso.

Lo cierto es que es rarísimo ver que castiguen a altos funcionarios por corrupción. La impunidad reina y tal vez por ello los ciudadanos tienen un descrédito abrumador hacia sus políticos.

Pero, en apego a la justicia y al deber moral, las autoridades deben ser las primeras en hacer cumplir la ley, y, en el caso de la Sedeso, deberán poner el ejemplo para seguir un proceso penal a los involucrados en los desvíos de recursos.

!Hey! teacher leave the kids alone

Joaquín López Dóriga, conductor estrella de los noticieros de Televisa, fue testigo esta semana del poder de las redes sociales en México.

Los hashtags (temas de discusión en la red Twitter) “ #yocon118millones #apagatelevisa #tomalatelevisa” sirvieron para que la ciudadanía se hiciera justicia ante el millonario costo de la serie “El Equipo”, difundida en Televisa mediante, claro, el previo pago de la Secretaría de Seguridad Pública federal dirigida por Genaro García Luna.
Los cibernautas cuestionaron al conductor:

“@lopezdoriga1 qué opina de los 118 millones que el Gob. Invirtió en serie de TV. #yocon118millones

“@lopezdoriga1 tiene el valor o le vale? #apagatelevisa

“@lopezdoriga1 por qué agarra de cliente AMLO en tercer grado, le pagan por eso? #tomalatelevisa

“@lopezdoriga1 Solo defiende a los delincuentes #apagatelevisa

Estos son sólo unos ejemplos de lo que miles de twiteros compartieron.
Es evidente que todo líder de medios obedece a los interese de su empresa ¿Pero hasta dónde se debe de hacer mutis ante hechos que laceran y mutilan a la sociedad mexicana?

López Doriga ha callado y manipulado información, eso lo sabemos: basta con ver sus ridículos debates en tercer grado.
Sólo que ahora los televidentes evidenciaron su hartazgo ante los abusos de la televisora y de uno de sus empleados consentidos.

Los mexicanos vivimos momentos delicados por la inseguridad que nos agobia, la falta de empleo que nos apabulla, pero, sobre todo, estamos fastidiados por la forma en que se manipula la verdad en México.
Pareciera que Roger Waters, el ex líder de Pink Floyd, hubiera escrito la canción de The Wall al monopolio televisivo que maniata y manipula a los millones de ciudadanos que diariamente buscan un cambio, esos a los que quiere lobotomizar mediante su programación.

We don’t need no education
We dont need no thought control
No dark sarcasm in the classroom
Teachers leave them kids alone
Hey! Teachers! Leave them kids alone!
All in all it’s just another brick in the wall.
All in all you’re just another brick in the wall.

Es verdaderamente un insulto atroz el que Televisa comete a diario contra los mexicanos. Hace negocios con el poder, lo defiende, ataca a sus enemigos y, además, lo oculta, queriendo engañar a su audiencia siempre.
Sólo que el mal llamado “teacher” es un empleado, que, cuando no le sirva a la televisora, lo desechará como a Zabludovsky. Así que, un consejo para él si quiere subsistir: sin credibilidad no hay audiencia.

Revolución de IDEAS.

¿Acaso los zurdos están mancos? Esta pregunta da vueltas en mi cabeza. Después de la anticipada derrota electoral del PRD en las elecciones del domingo, Andrés Manuel López Obrador salió con su cantaleta de la-mafia-Elba-Esther-Televisa-Salinas-robó-la-elección…
Una estrofa comienza a sonar en mis oídos. ¿Recuerdan esa canción de la Sonora Santanera? El coro pegajoso iba así: “Métele la Wilson, métele la Nelson, la quebradora
y el tirabuzón, quítale el candado, pícale los ojos, jálale los pelos, sácalo del ring”.
Cito este coro porque a la izquierda le hace falta comprender un punto elemental: que en política todo vale para ganar y el fin justifica los medios.

Es claro, en las elecciones se lucha codo a codo con los amos de la mierda, esos que están tan acostumbrados a la pestilencia que cuando les llega a la nariz no hacen el menor gesto.

Los que creemos en la socialdemocracia como ideal político solemos ser románticos empedernidos, disciplinados, y, por qué no aceptarlo, hasta pendejos. Aquí una acotación: la política no se juega con amor.

Decía que, eso sí, somos disciplinados. Y esta es la clave para lograr nuestro objetivo de reivindicar a la izquierda como una opción real dentro de la opinión pública.

Sólo que se trata más bien de estrategias de seducción y no de razonamientos.
Yo conviví desde pequeña, gracias a mis padres, con los intelectuales poblanos. Recuerdo que así comencé a tener afinidad por la izquierda. Escuchaba pláticas revolucionarias y creía que este país debería enfrentar otra revolución, esta vez con ideas.
Ahora a la distancia veo con pena, que esos que se hacían llamar comunistas, viajan en primera clase con antropólogas sibaritas que los llevan a descubrir las mieles del poder. Claro, acompañados de un buen Pingus como cena.
Otros tomaron el camino aún más fácil: inclinarse por la opción de la burguesía tricolor, esa que permite abusos, fomenta el clientelismo y compra conciencias.

Y bien, estoy segura que el radicalismo no es la solución, pero, insisto, si se quiere ganar esta batalla hay que usar las herramientas del enemigo.

Ser institucional, funciona. Por eso, la izquierda debe dejar de ser motivo de exposición mediática por sus diferencias; los desencuentros partidistas deberían darse dentro del partido. Lo contrario resta credibilidad y fortalece a quienes lo capitalizan.

El camino es largo, peligroso e incierto. Es una lucha de convicciones. Habrá frustraciones. Se vivirán derrotas. Aunque aún confío en que esas pláticas que escuché de niña, con los amigos de mis padres, se conviertan en realidad, a pesar de que esta sólo se palpe en el ideario de unos cuantos, románticos, disciplinados, y, sí, también pendejos..